Our dear capitalism, o “Hemos inventado la felicidad”

Sala de espera de una compañía de seguros de enfermedad (o ¿cómo llaman aquí lo que en otros sitios Krankenkasse?). Mientras al ordenador trajina la empleada con formularios y burocracias, dejo vagar la mirada: mesas de escritorio, lámparas, archivadores… En la pared del fondo, frente a mí, arriba a la izquierda, gran fotografía de una mujer joven que, en chándal, haciendo fúting, sonríe para que la cámara la saque como si sonriera para sí, de puro contento, y a la misma altura, pero a la derecha, en otra enorme fotografía, otra mujer joven (¿o es la misma?) ¡con qué satisfacción hace gimnasia! Pero lo mismo encontraríamos en una parada de autobús, una tienda, un supermercado. Lo mismo en todas partes, la misma obligación de sonrisa, la misma compulsión. Y eso sólo puede haberlo cuando la sonrisa –¡omnipresente!– es tapadera, cuando por debajo de ella lo que hay es pesimismo, ánimo deprimido, y tan desesperado que no vemos cómo salir de él, y sólo se nos ocurre engañarnos a nosotros mismos haciendo muecas de sonrisa todo el rato, gestos, cuanto más exagerados mejor, de que controlamos la situación.

“No vemos…, sólo se nos ocurre…”: Pero ese nosotros ¿quién es?

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