Contra la casposa palurdez españolista

En un post crítico con el nacionalcatalanismo hallo en la red, referida al catalán, la expresión “dialecto catalán” y he de decir que es errónea, por lo pronto, objetivamente –el catalán es una lengua al mismo título que el castellano, el francés, el provenzal o el italiano, y por cierto dividida en varios, ahora sí, dialectos: oriental, occidental, mallorquín, alguerés, etcétera–, pero también subjetivamente, pues con ella ese post pretendidamente crítico viene a imitar a su objeto justamente en una de las cosas que lo hacen merecedor de crítica: su xenofobia, su necesidad de crear un enemigo al que constantemente denigrar. Si lo único que a los nacionalcatalanistas sabemos oponer es que, cuando ellos dicen “español, tonto”, nosotros contestamos “catalán, más tonto aún”, no sólo no hacemos ningún daño a sus posiciones, sino que las reforzamos, pues, aparte de ofender gratuitamente a todos los catalanes, ponemos lo catalán (que en el sentido aquí relevante es español) al mismo nivel que lo español (que no necesariamente es catalán). La superioridad del proyecto antinacionalista (que no españolista) sólo puede radicar en su aptitud para acoger y dar cobijo a todo lo espontánea e inocentemente surgido de las tierras del Estado, entre lo cual se halla por supuesto lo catalán. Parlem una mica en català, home! Y reconozcamos que es una mácula de la democracia española, o al menos de los ministerios de Educación y de Cultura de este Estado, el que uno pueda vivir toda la vida en sus regiones no catalanohablantes sin enterarse, por ejemplo, de que los mejores memorialistas españoles han sido catalanes que han escrito en catalán (leed Tots els camins duen a Roma, de Gaziel, leed Camins de França, de Joan Puig i Ferreter, leed las Memòries de Josep Maria de Sagarra, leed, incluso, el Quadern gris de Josep Pla), y de que sólo para poder leerlos en su propia lengua, ya sólo para eso, merece la pena aprender catalán.

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