Kurt Steinmann: «A propósito de la traducción»

En el apartado 7 del epílogo a su traducción de la “Alcestis” de Eurípides (Euripides, Alkestis, übersetzt und herausgegeben von K.S., Philipp Reclam Jun. Stuttgart 1981, pp. 172-175) leemos lo siguiente:

La traducción no es la obra, sino un camino hacia la obra 1. (Ortega y Gasset, Miseria y esplendor de la traducción)

La lista de la literatura que se ocupa de la teoría del traducir se hace de año en año más larga (cf. F. Güttinger, Zielsprache, Theorie und Technik des Übersetzens, Zürich 1963). En el fondo toda la cuestión de la traducción correcta puede aún reducirse a la clásica fórmula de F. Schleiermacher: “O el traductor deja al escritor lo más quieto posible y mueve hacia él al lector, o deja al lector lo más quieto posible y mueve hacia él al escritor” (“Sobre los diversos métodos de traducir”, 1813, en: Werke, Abt. 3, Bd. 2, p. 218). Modernamente las dos especies del traducir, en lo que respecta a las lenguas clásicas, han encontrado en W. Schadewaldt y E. Staiger sus más significativos representantes (cf. Artemis-Symposion Das Problem der Übersetzung antiker Dichtung, Zürich/Stuttgart 1963). Staiger representa, como es sabido, el “ideal de la familiaridad” del alemán frente a la lengua antigua; una traducción debe ser “una obra de arte lingüística en alemán”: “no se trata, pues, de imitar orden de las palabras y construcción, sino de producir un efecto análogo al griego” (ibid., p. 16). Para Schadewaldt, por el contrario, que a esta manera de traducir llama “traducción traspositiva”, sólo está justificada la “traducción documental” de la lengua de partida: sin ofender el carácter de la lengua alemana, se trata de “la comprensión, asunción y apropiación del logos más adecuada posible a su carácter propio, […] y la nueva realización de ese logos en la lengua propia” (ibid., p. 36). Schadewaldt está con ello claramente en la tradición y dependencia de Ortega, quien en su ensayo “Miseria y esplendor de la traducción” había sostenido la posición documental: de lo que se trata es de “que llevando al extremo de lo inteligible las posibilidades [de la lengua propia] transparezcan en ella los modos de hablar propios al autor traducido. […] Sólo cuando arrancamos al lector de sus hábitos lingüísticos y le obligamos a moverse dentro de los del autor, hay propiamente traducción.”

La presente traducción de la Alcestis tiene la pretensión de ser “documental” en la medida en que, tal como Schadewaldt se propuso en su traducción de la Odisea, traduce completamente, y de lo que está presente nada omite, nada añade. En segundo lugar intenta conservar sin falsificación los conceptos e imágenes originales (rara vez fue en ello preciso remitir al epílogo, cuando, como en vs. 20, 354 o 798, la palabra alemana enmascaraba demasiado el marco conceptual griego). Y por último quiere retener en lo posible el orden de esos conceptos también en alemán.

Respecto al primer punto, a la completud pertenece también la minuciosa traducción de las partículas, un medio eminentemente griego que permite expresar los más finos matices de significado. Hallar la correcta correspondencia alemana fue con frecuencia difícil y exigió una cuidadosa escucha del contexto. Tampoco se pudo renunciar a la consideración de la partícula ἄν en el optativo, si es que al modelo había que dispensarle absoluto respeto. Respecto al punto dos: Si uno viene de Sófocles, por no decir de Esquilo, reconoce claramente en las partes habladas una aproximación más estrecha al lenguaje prosaico y corriente (junto a esto también una tendencia arcaizante en el recurso a palabras y formas esquíleas y homéricas), que libera en gran parte al traductor de la necesidad de recurrir, si no siempre a una traducción dura, sí al menos a una brusca, chocante. Al tercer punto, la conservación del orden de los pensamientos, se prestó la mayor atención. A una línea griega corresponde, también en las partes corales, una línea alemana, en la medida en que las reglas sintácticas de la lengua de destino lo permitían, y también el orden de las palabras griegas se intentó, en lo posible, mantener en alemán, si es que había de traslucirse en todo momento “el peculiar carácter documental también de la poesía” (Schadewaldt, ibid., p. 31).

A la conservación del metro se renunció, desde el profundo convencimiento de que la trasposición de formas métricas con rigurosa estrictez es incompatible con la del tenor literal. Una ganancia en fidelidad formal se paga siempre con una merma en exactitud filológica. También la traducción aquí presentada da como resultado, al seguir exactamente la estructura de la frase griega, un ritmo fundamental (sobre todo en los cantos de coro), tan susceptible de ser leído y hablado como las imitaciones métricas. Los dramas trasladados por Schadewaldt en el mismo espíritu Antígona y Edipo rey han demostrado que las traducciones de tragedias griegas liberadas de la “desmesurada coerción de la forma externa” en absoluto tienen por qué temer su realización lingüística en escena. El ingenioso dicho de Croce “belle infedeli, brutte fedeli” puede corregirse: “anche le fedeli, però, possono essere belle”.

Toda traducción es también discusión, interpretación y una especie de comentario. Así esta traslación, con todo el valor que pueda tener para el lector que, ignorante del griego, quisiera saber lo que hay realmente en la Alcestis, debe ser en primera línea un recurso, un instrumento que constantemente remite al original que está a su lado, que ella quiere hacer accesible, no sustituir.

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  1. En castellano en el original. Cuando Steinmann traduce palabras de Ortega, cuido de restaurarlas en su literalidad original.