“La primera preocupación del Gobierno será la creación de puestos de trabajo…”

En un mundo en el que, por el propio funcionamiento del sistema, cada vez menos obreros han de producir cada vez más mercancías, es decir, en un mundo que no puede funcionar de otro modo que manteniendo a gran cantidad de gente de brazos cruzados, esperando que algún capitalista les ofrezca un puesto de trabajo, en un mundo así, un Estado que verdaderamente fuera de todos, una república democrática, habría de tener como una de sus funciones, tal vez la principal, la de asegurar políticamente para todos aquello que económicamente a la mayoría se le escamotea: medios de subsistencia, medios de vida: garantizar por la fuerza que –para toda la población– el acceso a la riqueza no dependa de la participación en el proceso productivo. La usual apelación, en boca de los representantes del Estado, a la necesidad de crear puestos de trabajo, es por lo tanto hipócrita, huera cantinela de un Estado vendido al capital.