Lo esencial de la ponencia “Segunda navegación: diálogo socrático”

Nos encaramos con “Fedón” 99c-102a (en principio “exposición de la segunda navegación”) y reconocemos como su bisagra, alrededor de la cual se produce el vuelco fundamental, el tramo que en 101d va de ἐχόμενος a διαφωνεῖ: Cuando en un texto nos aparece la palabra ὑπόθεσις designando lo que el mismo texto llama la asunción ingenua o la asunción de la causa ingenua, y esa misma palabra vuelve a presentarse en la frase siguiente de tal manera que por sintaxis no le queda más remedio que referirse a lo mismo, a la vez que, por el contenido de lo que ahora de la ὑπόθεσις se dice, precisamente a lo que ahora no puede referirse es a la asunción ingenua, una elemental honradez hermeneútica nos hace reconocer que lo que el texto está diciendo es que la asunción ingenua se ha trasformado en otra cosa. ¿En qué puede trasformarse la asunción ingenua? Se trata de la asunción de que la cosa es lo que es en virtud del εἶδος del que participe –esto es caballo o es número o es casa en virtud de aquello en lo que consista ser caballo o ser número o ser casa, respectivamente–: sobre esto la exposición insiste una y otra vez, machaconamente, tanto que da la impresión de que sobre ello –de 100c a 101c: más de la mitad del espacio que tiene a su disposición– está detenida. Esa insistencia nos está diciendo ante todo que el corazón de la segunda navegación es la asunción de la causa ingenua: se trata de hacerse cargo de ella con todas las consecuencias y caiga quien caiga. Pero justamente eso de que lo bello es bello por el ser bello y lo grande grande por el ser grande y lo pequeño pequeño por el ser pequeño podría ser un artilugio verbal para dar la impresión de que uno ha resuelto la cuestión de la causa y así, lejos de asumirla, librarse de ella. Por otra parte, antes de que se presentara la asunción ingenua se nos había dicho que la “segunda navegación” era “en busca de la causa”, y lo que es de 100c a 101c –en eso que parece apuntarnos al corazón de la empresa– no hay ninguna busca. Por las dos partes es claro que asumir la causa ingenua no puede reducirse a enunciarla una y otra vez. Se trata de asumir, digamos, que lo bello es bello en virtud de aquello en lo que consista ser bello.¿Cómo asegurarse de que lo estamos asumiendo? La respuesta es obvia: Preguntándonos en serio en qué consiste ser bello y, como nos lo preguntamos en serio, ensayando respuestas a esa pregunta: “Ser bello es …”. Pues bien: en cada una de esas respuestas, “ser bello”, el εἶδος, es lo tematizado: Aristóteles diría que es el ὑποκείμενον, y seguimos a Martínez Marzoa al observar que no hace falta esperar a Aristóteles para que ὑποτίθεσθαι signifique “tematizar” y podamos decir que aquí estamos haciendo del εἶδος una “tematización”, ὑπόθεσις, pues precisamente por eso cada una de las propuestas de definición del εἶδος en un diálogo socrático se designa como ὑπόθεσις. Es decir: la asunción ingenua tiene que transformarse en otra cosa porque, para que la ὑπόθεσις (“asunción”) del εἶδος de verdad lo sea, tendrá que ser ὑπόθεσις (“tematización”, “propuesta de definición”) del εἶδος. Así logramos leer como brevísima descripción del proceder del diálogo socrático el tramo que va de εἰ δέ τις αὐτῆς τῆς ὑποθέσεως ἔχοιτο a ἕως ἐπί τι ἱκανὸν ἔλθοις (101d-e), y ahora sí que la empresa hace honor a su nombre: “segunda navegación en busca de la causa”.